Novela de Navidad

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Amos Smith

Periodista

En el Tribunal de la Suprema Justicia Divina, el Niño Jesús y Santa Claus dirimen un conflicto laboral respecto a la entrega de los regalos navideños en un país llamado Venezuela.

-Señor Juez Supremo, inicia Santa Claus la exposición de motivos. Desde hace muchos años, en ese país del sur llamado Venezuela, las cartas de petición de regalos se dividen entre el niño Jesús y mi persona. Le solicito que me sea concedida la exclusividad de entregar los regalos allí. Tengo el respaldo de mi fábrica de juguetes en el Polo Norte, con la mano de obra calificada de mis Elfos. Además tengo un sistema de distribución de los juguetes con renos y trineo para todos los lugares del mundo, con una eficiencia comprobada todos estos siglos. pa que más.  Con todo respeto al niño. Un burrito sabanero no garantiza la entrega de los juguetes en un país con un clima y una geografía tan diversa.

La voz profunda del Juez supremo se deja escuchar.

-Ahora escuchemos lo que tiene que decir la otra parte de esta diferencia.

-Papiii…Quiero decir señor Juez supremo. Desde hace cientos de años también he cumplido con los niños que me han escrito sus cartas, con mucha fé e ilusion. Además quién puede entender los deseos de los niños venezolanos, que otro niño.

-No es tan simple. Querido niño Jesús. Interrumpe Santa. De Venezuela se han ido más de cinco millones de personas. Solo yo puedo localizar a los niños venezolanos regados por todo el mundo.

-Objeción señor Juez. Ni que Santa fuera un GPS. Mi burrito sabanero llegó hasta Belén cuando yo nací. Así que me puede llevar a cualquier parte del mundo también a llevar los regalos. Por cierto Santa, que en Venezuela has perdido mucha popularidad, porque te salió competencia con un San Nicolás rojo rojito como tú, qué regala bonos y perniles.

-Objeción su señoría celestial. El niño Jesús está iniciando una guerra sucia contra mi persona. Yo entrego juguetes. Yo no tengo nada que ver con perniles, ni con política. No quiero parecer un sapo cooperante, pero tengo que decir que el niño Jesús se está metiendo en cosas que no debe.

-Para salir de dudas. Llamo a testificar a esta sala al espíritu de las navidades pasadas. Anuncia el niño Jesús.

La sala celestial se ilumina con la llegada del testigo con forma humana, llena de luz, con una figura tan gorda como el mismo Santa, que se sienta en el estrado.

-Espíritu. Como eran las navidades pasadas en Venezuela?

-Eran muy alegres. Todas las familias completas por lo general. Por muy pobre que fuera la gente siempre alcanzaba para  hacer hallacas. Había luz. Y la comida que sobraba se recalentaba al otro día. Y así siguió durante largas horas en tiempo terrestre, rememorando un largo inventario de nostalgias. Tantas, que el Juez supremo tuvo que conminarlo a concluir su testimonio.

-Ahora veamos qué nos tiene que decir el espíritu de la Navidad presente. Sigue convocando el niño Jesús.

La sala se oscurece y flota en el ambiente una tristeza infinita, como la figura envejecida de pasos lentos, que se sienta ahora en el estrado.

-Perdonen la tardanza. Es que mi pensión la cobro en Venezuela y se pueden imaginar la cola que acabo de hacer. Se disculpa el espíritu.

-Qué les puedo decir de las calamidades que vive esa gente. Sin agua, sin salud, sin luz y la plata no les alcanza para nada, como mi pensión. Desconocía que el infierno estaba montando una sucursal en la tierra. Pero lo peor ahí es el conformismo y el desánimo de la gente. Allí parece que la esperanza dejó el pelero.

-Llamo a testificar al espíritu de las navidades futuras a ver si mejora el enfermo o se termina de joder…fregar.. perdóneme Juez Jefecito. Anuncia Santa, secándose las lágrimas, aún conmovido por el anterior testimonio.

Como corresponde, el espíritu de las navidades futuras, enciende su videobeam mágico, enfundado en un abrigo con capucha que oculta su rostro, como el reto Challenge aquél.

Las imágenes muestran más presos políticos y torturados. La oscuridad de un país al que se le apagó hasta el último bombillo, colapsada en todos sus servicios públicos, con epidemias, el hambre y la anarquía. El esplendor de la miseria. El triunfo definitivo de una paz armada y de un pensamiento único. Es como asistir al funeral de un país.

Un largo silencio es interrumpido por el niño Jesús.

-Padre. Tu me enseñaste a nunca ser indiferente con la injusticia. Y peor todavía, que un niño sin juguete, es un niño con hambre o enfermo. Mucha es la gente en Venezuela se pregunta si los olvidaste.

La voz del Juez supremo se deja oír en el tribunal de la divinidad.

– Nunca les olvido Chuchito. Los malos tiempos deben ser vencidos por el renacer de la fe y la esperanza de un pueblo. Yo no puedo hacer nada si la gente no cree en sí misma y no se une de una vez, en una sola fuerza para buscar un mejor futuro. Las sombras que vimos con el espíritu de las navidades futuras no son una sentencia. Todo puede cambiar si todos los venezolanos hacen lo que tienen que hacer. No es precisamente, sentarse a dividir  frente al teclado de una computadora. Es que todavía no lo entienden. El aprendizaje de ellos ha sido el más duro, porque creo en los venezolanos más que en cualquier nación.   Tienen libre albedrío para ser la solución que está dentro de ellos. Cuando piensan que no estoy, es cuando más les acompaño. Los tiempos por venir lo demostrarán. Yo los bendigo. Los sentencio a ustedes dos a que sigan haciendo todo el bien que hacen, como lo han venido haciendo. Recuerden siempre que la esperanza se anida y nace en la sonrisa de un niño. Buen trabajo.

PD. Me despido hasta el año que viene deseándoles que encuentren las respuestas a nuestro futuro dentro de ustedes. Por mi parte yo y mi feliz terco corazón de cazón ( mis Tiburones de la Guaira pa’ encima), seguiremos creyendo en este país de maravillas. Como dice Yordano. «Yo no me voy. Yo me quedo aquí».

Feliz Navidad y Año Nuevo a mis pacientes lectores. No dejen de creer. Que aunque ustedes no lo crean. Es lo mismo que luchar. Dios los bendiga.

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